SUICIDIO !!!
España grita “asesino” y calla 3.953 vecesHay días en que las redes te tiran una “noticia” como quien te

lanza una piedra envuelta en confeti. Y claro: entre los Santos Inocentes y los Inocentes que duran todo el año, una ya no sabe si está leyendo periodismo o un escape room.
Pero hoy no vengo a hablar de la piedra. Vengo a hablar del ruido.
En España nos hemos aficionado a una palabra comodín: “asesino”. Se la encasquetamos a políticos como si fuera una pegatina de “OFERTA”. Da igual si hablamos de una pandemia, de una catástrofe o de una gestión desastrosa: el matiz se evapora y la conversación se vuelve un ring.
Mientras tanto, hay un dato que no se grita tanto porque no da un villano claro, no cabe bien en un titular y no sirve para vender “bando”: en 2024 murieron por suicidio 3.953 personas en España (dato INE, actualizado en diciembre de 2025).
3.953. No es una idea. No es una opinión. Es un agujero.
Y aquí viene mi golpe bajo personal: ayer me enteré de que alguien —un chico al que recuerdo como activista luminoso, capaz de parar un concierto entero— murió por suicidio. Es la quinta persona cercana que pierdo así. Y si crees que eso se procesa con un hilo de Twitter, es que no has olido nunca el vacío.
Lo llamo, con rabia y con precisión, suicidio involuntario. Porque muchas veces no es “querer morir”: es no poder más. Es vivir con el agua en la garganta hasta que el cuerpo firma la rendición.
Y entonces miro fuera y veo El Salvador. Veo a Bukele explicando su estrategia sin el disfraz habitual del político: primero seguridad, después todo lo demás. Veo un país que, según muchos testimonios, respira distinto. Y también veo lo que no se puede barrer debajo de la alfombra: el precio legal y humano de gobernar con medidas excepcionales.
Aquí está el punto incómodo: cuando un país está secuestrado, la gente acepta medidas que en un contexto normal serían inaceptables. Y cuando un país está anestesiado, acepta otra cosa igual de peligrosa: la manipulación emocional diaria, el grito constante, el “asesino” como placebo.
Yo no quiero un país de placebo.
Quiero un país donde podamos decir: “esto fue mala praxis”, “esto fue negligencia”, “esto fue corrupción” o “esto fue un desastre”… sin necesidad de convertir la política en una secta, ni el dolor en munición.
Y sobre todo quiero un país donde el suicidio deje de ser un susurro.
Porque si no miramos de frente las 3.953 veces, seguiremos discutiendo “quién es el malo” mientras se nos muere gente en silencio, sin villano cinematográfico… y con demasiada soledad.
(Si esto te toca, habla con alguien. No por moralina: por supervivencia. Nadie debería pelear esa guerra a solas.)
Este texto no se cierra aquí.
Los debates se continuarán (en Blogger), dentro del Proyecto Yucca: un trabajo que llevo años sosteniendo para ponerle nombre —y luz— a lo que España tapa con ruido.
Un proyecto que investiga y denuncia la muerte silenciada: el suicidio involuntario.
Porque en España el terror no siempre llega en forma de homicidio: llega en forma de desesperanza, de soledad, de asfixia lenta… y de un sistema que, cuando no te mata, te enseña a rendirte.
Aquí no faltan solo culpables: faltan palabras, faltan medidas, faltan verdad.
En España no hay “pocos homicidios”: hay demasiados suicidios.
Y una parte enorme de ellos no son “decisiones”: son colapsos.
Seguimos.
https://aethercuida.blogspot.com/p/proyecto-yucca.html
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