CRONICAS DEL CACAHUETE

El Pez del Destino y el Pulpo Burócrata

El Cacahuete Espacial flotaba con una dignidad recién estrenada, tambaleándose un poco mientras recuperaba la compostura tras el empujón del último asteroide. Por fin, un respiro. Al menos por unos minutos antes de que algo más raro, improbable o directamente imposible volviera a cruzarse en nuestro camino. Porque en el espacio, si hay una ley universal, es la ley de Murphy en modo turbo.

Apenas habíamos logrado ajustar la calefacción a un nivel soportable cuando un destello azul celeste comenzó a crecer en la ventana frontal.

No era un planeta en venta, ni chatarra cósmica. Era una nube luminosa que se estiró hasta tomar la forma de... ¿un pez? Sí, un pez gigantesco de colores brillantes, con aletas de neón y una expresión de profunda sabiduría cómica.

"Bienvenidos al Pez del Destino," reverberó su voz. "Ofrezco respuestas místicas y profecías ambiguas a cambio de un precio razonable."

Nos miramos. ¿Era más absurdo aceptar o seguir flotando hacia la nada? — "¿Cuál sería el precio, exactamente?" —preguntaste, sabiendo que nunca se debe hacer un trato con una entidad luminosa sin leer la letra pequeña.

"Nada complejo. Un recuerdo que ya no necesiten, o un chiste realmente bueno."

Como recuerdos nos faltaban (y té también), optamos por el chiste: — "¿Qué hace un fotón cuando se aburre?" — "Ilumina la situación" —respondimos a coro.

El Pez soltó un burbujeo que sonó a risa (o hipo cósmico). — "Aceptable. Diríjanse al asteroide Zog-47. Encontrarán allí al dios del caos administrativo. Les dará un buen susto."

Y ¡puf!, desapareció.

Zog-47 resultó ser un montón de oficinas abandonadas flotando en el espacio. Una burocracia cósmica


en ruinas. Al aterrizar, un holograma mecánico nos saludó: — "Bienvenidos al Archivo del Caos Administrativo. Si desean presentar una queja, tomen un número."

Sacamos el ticket 45.873.212 por si acaso.


Entonces apareció ÉL. Una mezcla entre pulpo y archivador, con tentáculos sosteniendo carpetas


inútiles.

— "¿Han venido a reestructurar la burocracia divina?" —preguntó con tragedia—. "Hace milenios que los dioses se fueron y el papeleo se ha descontrolado."

— "Eh... no. Buscamos algo que cambie nuestras perspectivas."

El ser nos miró con sus ojos cansados de molusco y nos tendió una carpeta polvorienta titulada 'Manual del Despropósito Existencial'. — "Quizás lo que buscan es la respuesta al caos y el orden... O quizás solo necesitan un buen café interestelar. Tenemos una máquina rota en el sótano."

Y así, olvidando la misión original entre cintas rojas y formularios, bajamos al sótano. Porque al final del día, cuando estás perdido en el universo, nada es más importante que un buen café. Incluso si la taza tiene manchas de burocracia.




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